domingo, 19 de mayo de 2013

calabacines rellenos

Lo de comer en el trabajo es muy cómodo y más en mi caso. Reconozco que somos unos privilegiados porque la empresa nos paga casi la totalidad del menú diario, nosotros únicamente tenemos de desembolsar 1€ cada día que vamos a comer.

Del catering no nos podemos quejar, aunque nunca llueva a gusto de todos, pero eso siempre será así. Los menús son variados y hay 3 primeros, 3 segundos para elegir todos los días y varias opciones de postre.

Entonces ¿Por qué me llevo la comida de casa? Porque yo sé lo que estoy cocinando y conozco el aceite que utilizo y la cantidad de sal que le echo y estas pequeñeces mi estómago las agradece. Cuando estoy mucho tiempo comiendo fuera de casa, mi estómago dice "bonita, para y ponte a pensar menús que sino nos vamos a llevar muy mal" y en esas ando, pensando que llevo para comer todos los días.

Y ahí es donde llega la parte que no es tan divertida de cocinar y alguna vez ya os lo he comentado que es "hacer la comida".

A mi me encanta cocinar, pero me parece un rollo hacer la comida, que no es lo mismo aunque lo parezca. Cocinar es para relajarme, porque me apetece, porque van a venir invitados y me hace ilusión preparar algo especial, porque alguien quiere aprender como se hace un plato, porque quiero hacer un regalo... pero  hacer la comida es pensar en menús diarios, variados, equilibrados, que si los llevas al trabajo no queden muy secos pero sin abusar de salsas y ahora toca romperse la cabeza un poquito.

Esta es una buena idea de plato único con un postre. Es muy completo, al llevar en el relleno crema de calabacín en lugar de besamel, es más ligero y os puedo asegurar que está riquísimo.









8 espárragos trigueros
10 ajos frescos
250 gr setas variadas
4 calabacines
2 quesitos
50 gr queso rallado









Picar los espárragos y ajetes en trozos pequeñitos.

Poner una sartén con un poco de aceite al fuego y cuando esté caliente echar los espárragos y ajetes, añadirles un poco de sal. Dejarlos unos 5' a fuego medio, removiendo de vez en cuando para que se vayan haciendo todos los trozos por igual.

Pasados los 5' añadir las setas, si son pequeñas enteras y si son grandes en trozos y dejar que se vayan cocinando en conjunto durante otros 5'., manteniendo el fuego medio y removiendo de vez en cuando.

Vaciar los calabacines, en este caso al ser redondos, quitar la tapa y con una cucharilla sacar la mayor cantidad posible de carne de calabacín del interior, con cuidado de no romper la piel. Si el calabacín es alargado, se puede cortar en trozos y vaciarlos dándoles forma de vaso, dejando un poco de fondo para que el relleno no se salga.

En un puchero con agua hirviendo, echar sal y la carne del calabacín. Cocer hasta que esté blanda. No tardará mucho, en  menos de 5' estará hecha.

Escurrir bien, para eliminar todo el exceso de agua.

Poner en un recipiente la carne cocida y triturar con los 2 quesitos, para hacer una crema.

Rellenar los calabacines con la mezcla de espárragos, ajetes y setas. Cubrir con la crema de calabacín y añadir un poco de queso rallado por encima.

Meter los calabacines en el horno, previamente calentado, 180º, modo ventilador, 30'.


Puedes ver las fotografías del paso a paso en Ay Inesita.

martes, 23 de abril de 2013

chandrios de Jesusa

En todas las casas está esa receta que pasa de generación en generación y que tiene algo especial y a mi me hacía muchísima ilusión tener la receta de los chandríos de Jesusa.

Jesusa era una señora con mucho carácter, decir que tenía muy mal genio no queda bien :), pero que nos quería a morir. Trabajó y vivió en casa de mi abuela y creo que vio nacer a mi madre y mis tíos. Yo le tenía mucho cariño y alguna vez me dejó estar con ella en la cocina, aunque era su territorio y no era tan fácil pasar.

Era casi imposible tener una receta suya o que enseñara a hacer algo. Hablaba de pizcas, puñados, ratos, no existían ni gramos, ni litros, ni tiempos de horno. Pero esta receta, no sé ni como ni cuando, se ha conservado y se ha traducido a cantidades.

Los chandríos son típicos de Navarra, creo que no se conocen en otras provincias. Son un tipo rosquilla de forma alargada. Espero que os gusten tanto como a nosotros.








1 huevo
100 ml aceite con anís
75 gr azúcar
4 gr levadura tipo Royal
250 gr harina fuerza











Para el aceite con anís, siempre tengo una botella de aceite con anís estrellado que le da sabor y suelo utilizar en postres. En su defecto, se puede poner la misma cantidad de aceite y una cucharada de anís.

Batir el huevo con el aceite. Añadir el azúcar y mezclar bien. Echar la levadura a la mezcla.

Ir incorporando poco a poco la harina tamizada.

Tiene que quedar una masa tipo plastilina que no se pegue a las manos. Si es demasiado blanda ir añadiendo poco a poco más harina.

Ir cogiendo trozos de masa pequeños, formar bolas y luego estirarlos dándoles la forma de palitos. Retorcerlos un poco.

Calentar aceite en un cazo e ir echando poco a poco los chandríos. Los 3 ó 4 primeros se desperdician ya que absorben mucho aceite hasta que coge temperatura.

Remover los chandríos en el cazo para que se hagan por todos los lados igual y no se quemen. Al principio la masa irá al fondo y conforme se van haciendo van flotando.

Escurrir en papel de cocina. Dejar enfriar y rociarlos con azúcar glas.


Puedes ver las fotografías del paso a paso en Ay Inesita.

sábado, 23 de marzo de 2013

restaurante Callizo - Aínsa (Huesca)


Hoy no voy a publicar una receta porque tengo muchas ganas de compartir las fotografías de los platos que componen el menú de un restaurante al que fuimos la semana pasada.

Es el restaurante Callizo en Aínsa (Huesca). Unos amigos han ido varias veces y siempre nos decían que teníamos que ir y la verdad es que merece la pena salimos encantados, en cuanto tengamos la oportunidad repetiremos.

Recomiendo a todas aquellas personas que en algún momento estén por esa zona vayan sin dudarlo. Es una gran experiencia.

Sorprende mucho que en un entorno de casas de piedra, tipicas de la zona de pirineos, haya un restaurante de cocina creativa.

El local es clásico, con manteles de algodón blanco bien planchados y mesas y sillas de madera, pero el menú es original, divertido y muy completo. Cada plato con su "vajilla" y su pequeña historia. Es una sitio para disfrutar con los cinco sentidos.

Y como una imagen vale más que mil palabras os dejo unas cuantas fotos.



Restaurante Callizo
Plaza Mayor
Aínsa (Huesca)

Tl. 974 500 385


"Tierra"

El  menú Tierra comienza con un cocktail de "nada" y como indica el nombre era nada...pero guardaba una pequeña sorpresa que es mejor descrubirla ahí, así que la nada se queda en incógnita.


Vermutman-flash y olivas

Era lo que pone. Un vermouth en un divertido formato flaggolosina que en los años 70 causó furor y aceitunas...

Olivas

Gilda: aceituna gordal rellena de una crema de piparra (guindilla) venía colgada en un bonsai de olivo y unas bolitas de aceite de sabor intenso que nada mas meterlas en la boca explotaban.



Gusanitos de azulete y fresas

Uno de los platos que más me sorprendió. Es algodón de azúcar haciendo la forma de unos capullos de seda y dentro tiene un relleno de crema de queso azul. Una combinación de sabores increíbles y una presentación genial.



Bolsitas comestibles

Para orear la matanza, en las casas de la zona colgaban los chorizos y las morcillas en una cañas largas y así nos presentaron estas bolsitas de maíz frito. Vino la camarera con una caña de la que colgaba una bolsa para cada uno y aunque el plato se llama así... tienen que insistir en que la bolsa es comestible porque cuesta creerlo.




Trucha del Cinca
Viaje por el mundo
Perú - México - Japón

Este plato a mi me hizo una ilusión especial. Mi padre, en ocasiones, iba a pescar truchas a Aínsa al río Cinca y una vez que fui con el no pesqué ni una, pero no se me olvidará nunca porque un amigo suyo me dejó una caña nueva y la rompí... así que para el me quedé con el nombre de "la rompecañas".

El plato consistía en 3 cucharas de trucha representando diferentes países. Japón era un sushi, aunque tenía forma de tartar, México con guacamole y Perú un ceviche que era en cuchara y el cítrico con un toque picante venía en un chupito.




La Magia de Huesca

Dejaron sobre la mesa una teja, con un metacrilato y dos tostadas con queso.

Vino el camarero y puso unas lascas de trufa en una copa para oler ese aroma intenso a tierra que tiene.

En un embudo simuló exprimir queso y trufa y ¡sorpresa! el líquido resultante lo echó sobre las tostadas de queso.



Es el comensal quien termina de montar el plato poniendo por encima las lascas de trufa.




Patatas a la brasa - mantequilla trufada

Unas patatas asadas presentadas en una plancha de metacrilato que debajo tenía una tableta con un fuego vivo y se oía crepitar, así que la sensación era que se estaban haciendo en el momento. Acompañaba una lata con mantequilla de trufa.

Este plato me gustó mucho la presentación, pero fue un poco pena que las patatas no estaban recién hechas.


Km 0. Legumbres olvidadas.
Judía verdeña de Eripol con col de indiana contrastes de matanza

Maravillosa la presentación y el sabor. Un círculo de col cortada en una juliana minúscula, con una crema de judías en el centro. Alrededor estaba, por orden de las agujas de reloj, una flor comestible, una bolita de morcilla, un trozo de tocino, una bolita de chorizo, unos aros de guindilla y unos ajos fritos.




La cocina primitiva: cazadores y recolectores
Lomo de jabalí en su hábitat


Sin suplemento el menú tiene un plato de carne y otro de pescado para elegir, pero incluye más opciones pagando el suplemento que indica.

Nosotros elegimos lomo de jabalí. Primero en una mesa al lado dejaron una rueda de tronco con frutas y miel.



El lomo de jabalí también lo presentaron sobre tronco de árbol y montaron los platos en el momento poniendo como acompañamiento: sobre el lomo unas grosellas, una mora al lado, unos arándanos en una cucharilla, una falsa trufa que era paté y un platillo con panal de miel.



Torrija de pan de pueblo caramelizada, helado cremoso, semisorbete de frambuesas silvestres, gel de frutos rojos y chocolate

Y de postre torrija. Bajo los helados había petazetas y el semisorbete de frambuesas silvestres estaba hecho en polvo con un toque muy ácido riquísimo.


Con los cafés nos sirvieron a cada buñuelo de crema con un poco de chocolate.



Y como he comentado al principio, en cuanto pueda repetiré. Acababan de abrir la temporada y disponían de un menú, pero habitualmente tienen dos, así que habrá que ir a probar el otro ;)